lunes, 16 de agosto de 2010

EL PACTO. Sharon Olds.


EL PACTO


Jugábamos a las muñecas en aquella casa donde nuestro padre se tambaleaba con el cuchillo de Acción de Gracias, donde nuestra madre sollozaba al mediodía sobre un trozo de

queso fresco, pidiendo en sus oraciones fuerzas para no

suicidarse. De rodillas sobre los

cuerpos de goma, las bañábamos

con mimo, les frotábamos las manitas

naranjas, las arropábamos bien arropadas,

les dábamos las buenas noches, nunca hablábamos de la

mujer como una herida abierta

llorando en las escaleras, del hombre como un búfalo

atrapado, desconcertado, aturdido, arrastrando

flechas en el pellejo. Como si hubiéramos hecho un

pacto de silencio y protección, nos arrodillábamos y

vestíamos esos torsos diminutos con sus ombligos

elegantes y sus minúsculos orificios

en la parte superior del trasero para hacer pis, y toda esa

oscuridad en sus bocas abiertas, de tal manera que no

he sido capaz de perdonarte por abandonar a tu

hija, dejándole marchar con

ocho años como si agarraras a Molly Ann o

a Lagrimitas y le metieras la cabeza

bajo el agua en la bañera de juguete

hasta que no subían ya burbujas, o lanzases su

cuerpo rosáceo al fuego que

ardía en esa casa en la que tú y yo

sobrevivimos a duras penas, hermana, en la que

juramos ser las protectoras.



LOS MUERTOS Y LOS VIVOS. Sharon Olds. Bartleby Editores, 2006.

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