
lunes, 28 de junio de 2010
DE LA SIEMPRE CAMBIANTE AGITACIÓN DEL AIRE. Jorie Graham.

viernes, 25 de junio de 2010
El constructor de paisajes. 2
2
Del aspecto de la boda goteaban buitres de escayola
Y olían a orina
Y del puñado de monedas de cinco centavos brotó un ojo que era una ola
Un ojo tuyo
Ni siquiera el Leñador podría talarla
Una ola para estar a salvo de la lluvia
Una ola para estar a salvo de secuestro
La última vez que me secuestraron fue a la salida del Norte Bar
Me metieron en el maletero del coche y me llevaron a Madrid
A la plaza de toros de Las Ventas
Me liberarían a condición de que torease dos toros bravos en la siguiente corrida de San Isidro
Y lo hice
Toreé dos toros bravos
En el primero hubo silencio y en el segundo palmas
El ganadero lloró y Esther me esperó en la habitación del hotel abierta de piernas
De la sangre del toro brotaban fotografías de grupos de chicas
Los ojos del toro como los anos de las chicas perdiendo la virginidad de sus anos
Al entrar a matar en el primero pinché dos veces y en el segundo le metí la estocada hasta la bola en el primer intento
Y el corazón del toro como los anos de las chicas perdiendo la virginidad de sus anos
Había buitres de escayola dispuestos en los burladeros
Y gente con manchas de sangre en los tendidos
Todas las camisas del mundo chorrearon sangre
Esta ola me pone a salvo del hacha del Leñador
Me pone a salvo de secuestro
No quedaba nadie en la fábrica de bodas
El río fue drenado para rescatar el cuerpo de la chica
El inspector me contó más tarde que había sido violada por el ano y asesinada a golpes
De la lengua del inspector goteaban buitres de escayola
Y olían a orina
“La orquesta toca mientras el barco se hunde” me dijo el inspector mientras se quitaba los guantes de látex
¿Qué querría decir con eso de la orquesta?
La sangre del toro se filtraba por la arena haciéndola barro
Desde aquí no lo veo pero si miras desde arriba verás miles de fotografías de grupos de chicas esparcidas por la arena
Hay fotografías de grupos de chicas en mis manos y en mis mejillas
Y también en el traje de luces
La fábrica de bodas está vacía y de sus techos gotean fotografías de grupos de chicas
De tus pechos se descuelgan tres lunas blancas
En un cráter de una de ellas el maestro Jedi blandía su espada sobre la tez del derrame de una rubia trenza tuya
Le di tres puñetazos al cadáver del primer toro
Le di tres lunas a Esther a cambio del olor de sus bragas
Tres lunas que resbalaron alguna vez por tus tetas
Tus tetas siempre turgentes y blancas
Tres lunas que resbalaron alguna vez por tus labios
Tus labios como plazas de toros y en una de ellas yo frente al toro bravo
Un toro bravo de quinientos kilos de peso
Tenía las astas algo astilladas tras embestir antes contra el burladero
Pero en esos cuernos no entra el aire
Y yo frente a él con el traje de Jedi
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
La gente en los tendidos con la camisa cubierta de fotografías de grupos de chicas
Llegué a la habitación del hotel y fui inmediatamente al baño
Me miré al espejo
Largas patillas poblado bigote
Grandes gafas de sol un poco traslúcidas
El pelo ni largo ni corto y ondulado con raya a un lado
Traje negro de raso
Grandes solapas la americana y algo acampanado el bajo del pantalón
Camisa blanca y corbata negra con nudo ancho
Tenía las manos llenas de fotografías de grupos de chicas
Salí y fui hacia el cuarto
Allí había una chica sentada en una butaca próxima a la cama
Me miró
Sus ojos eran muy azules
Se reía a carcajadas
Retirándose el pelo de las mejillas me pidió que me acercara a ella
Su pelo era muy liso muy rubio y muy largo
Lo hice y vi que sus manos también estaban llenas de fotografías de grupos de chicas
Entonces sin dejar de reírse me abrazó y me dijo al oído “Vienes de destruirte”.
(“poème abandonné”).
Paul Valéry.
Del poemario inédito "Apología de la Muñeca de Bellmer".
sábado, 19 de junio de 2010
Los rincones más oscuros. Antología del miedo.

Poemas inéditos de los siguientes autores: Ana Patricia Moya, Javier Das, Vanessa Salgado Marcote, Ángel González González, Cristina Morano, Dagmar Buchholz, Javier Pascual, Andrés Ramón Pérez Blanco, Mar López Herrero, Mikel Caverna, Nohemí Sosa Reyna, Pilar Gorricho del Castillo, Pepe Pereza, Esteban Gutiérrez Gómez, Gsús Bonilla, Gorka Martínez Peña, Mario Crespo y David González.
http://www.revistagroenlandia.
martes, 8 de junio de 2010
0. PREFACIO
Abrí los ojos y tenía fotogramas de Antichrist en el cerebro y al cabo de un instante estaban quitadas porque estaba en casa de Joanna y comprendí algo así como que ya no tendría que ir a la guerra nunca más para ver mundo
Salí a la terraza y allí estaba ella en su bikini rojo desayunando sentada en una silla de mimbre
Yo vestía los viejos vaqueros negros que huelen a colegio a iglesia a hospital y a tanatorio dependiendo de la nariz
Me preguntó si no tenía calor en ellos
Miré sus piernas
Por ellas crecían santos prometiendo el paraíso y un Dios de verdad y supe que había dejado de ser el cadáver que por las noches chupaba la sangre de los vivos porque en esos muslos estaba el banquete del cuerpo y la sangre de Cristo y yo podía alcanzarlos con las manos
Me llevé los dedos a la nariz y todavía me olían a los guantes de boxeo
Joanna nunca miraba mis combates ni leía mis poemas pero me besaba las manos y las apretaba contra sus mejillas mientras me hablaba de los hijos que me dará de la casa en la que viviremos y lo mucho que luciría en nuestro salón aquel tresillo retro que vimos en El Apartamento esa tarde caminando por Malasaña
Yo decía que la felicidad es un pájaro resbaladizo y que en Madrid los únicos pájaros que pían están en los semáforos
Di un sorbo al café que ya estaba frío y noté con la lengua irregularidades en el borde de la taza que tenía de motivo una viñeta de cómic donde una chica rubia mediante un bocadillo pintado en la esquina derecha decía algo acerca de la autenticidad mientras tomaba el sol sobre una toalla roja en la que ponía “Siempre Coca-Cola”
Me fijé que en la chica y también en lo que decía había imperfecciones y que el color estaba algo arrugado del uso y del lavaplatos
En Antichrist la felicidad tenía el cerebro cubierto de pelo y dentro en el yacimiento de su sótano junto al tesoro estaba la fundación del grito callado de ¡ALELUYA! porque en la salida algo lo tapaba enmudeciéndolo y comprendí que el ático donde vivía Joanna era un anti-sótano en el que se podía ver el cielo de un color azul azafata y gritar un ¡ALELUYA!
Yo siempre le decía que era un tío un poco esquinado y eso que perdonara mi aspereza
Aquella mañana estaba tan límpida que hacía que el cabello dorado de Joanna fuese un chorro de Moët Chandon infinito escanciando una copa interminable de cristal muy fino y de pie larguísimo y le hice una foto con la cámara del móvil posando con el Rimbaud de Leopoldo María Panero que dice
“Es azul
El color del espanto
Y Amarillo
El color del odio
Blanco
El color de la muerte
Y de la nada”… Y pude decir un ¡ALELUYA! porque sentí estar profundamente enamorado de ella.
“Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos los que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos”.
André Gorz.
Del poemario inédito "15 Imágenes de Joanna en Varsovia".
lunes, 7 de junio de 2010
LA MUERTE DE MARILYN MONROE. Sharon Olds.

Palparon los de la ambulancia el cuerpo,
frío, lo subieron, pesado como el hierro,
a la camilla, le intentaron cerrar
la boca, le cerraron los ojos, ataron
los brazos a los lados, apartaron un mechón
de pelo enredado, como si importara,
vieron la forma de sus pechos, aplastados por
la gravedad, bajo la sábana,
se la llevaron, como si se tratara de ella,
escaleras abajo.
Esos hombres nunca fueron los mismos. Salieron
después, igual que hacían siempre,
a tomar una copa o dos, pero no podían
mirarse a los ojos.
extraños, impotencia, depresión. A otro
no le gustaba su trabajo, su mujer le parecía
diferente, sus hijos. Incluso la muerte
se le antojaba distinta - un lugar donde ella
le estaría esperando,
y el otro se encontró a sí mismo por la noche
en el umbral de la habitación del sueño, escuchando
a una mujer respirar, tan sólo una mujer
normal
respirando.
Sharon Olds. LOS MUERTOS Y LOS VIVOS. Bartleby Editores, 2006.
miércoles, 2 de junio de 2010
Groenlandia Número 8


http://www.scribd.com/doc/
http://www.scribd.com/doc/
Colaboran en este número ocho: Adolfo Marchena, Luis Amézaga, Esperanza García Guerrero, Enrique Fuentes-Guerra, Ángel Muñoz, Bárbara López, Eva Márquez, Luis Sevilla, Luisa Fernández, Escandar Algeet, Ana Patricia Moya, Patxi Irurzun, Jorge Heras García, Gonzalo P. Vilo, J. Jorge Sánchez, Raúl Ariza, Jorge Manzanilla, Gustavo M. Galliano, Mariela Loza, Isaac Contreras, Daniel García, José Ángel Conde, Pepe Pereza, Elena Ortiz, Velpister, Mario Crespo, Ada Menéndez, Óscar Varona, Ana Laguna Mateo, María José Mures, Fran García Parra, Juan José Romero, Carmen Guillén y Pablo Morales de los Ríos.

